TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La distancia

05/05/2020

En estos dos-tres días mal contados de puertas abiertas, o casi, todos nos hemos cruzado con alguien conocido. En algunos pueblos, con muchos de ellos. En ese instante, a 99 de cada 100 nos recorre una extraña sensación: reprimirnos las ganas de abrazar, plantar dos besos o estrechar una mano. Uno, el inconsciente, asegura que él se ha cuidado, que confía en el otro y que a estas alturas, «no sabes lo que me he aburrido», no va a pasar nada. Desconfíen del abrazador: si lo hace con usted, lo habrá hecho con otro, tal vez un portador asintomático, tal vez otro abrazador que ayer besó a su sobrino contagiado… Y así sigue el juego de justos por pecadores, en el que uno de cada 100 es idiota.

Ahora traten de reproducir mentalmente esa sensación extraña, la de la distancia obligada con el amigo o el familiar, y piensen en que usted es defensa central del Granada, por ejemplo, y le toca defender un córner. O delantero del Eibar y acaba de marcar un gol trascendental y llegan todos los compañeros a celebrarlo. O zaguero de cualquier otro equipo encargado de marcar a «ese puto enano» al que no hay que dar ni un palmo de ventaja. O debe pelear un balón aéreo con ése que acaba de toser...

Sin que el balón haya dado una puñetera vuelta ya tenemos la primera tarjeta roja de la nueva normalidad futbolística: Salomon Kalou (Hertha Berlín) emitió en directo unas imágenes en las que nadie respetaba las distancias de seguridad ¡en el vestuario! y le han apartado del club por publicarlo en las redes sociales; era un vídeo que pretendía ser gracioso pero fue el perfecto ejemplo-denuncia de lo que se nos viene, de lo que puede pasar: en ningún deporte de equipo, en ningún juego de pelota, se podrá respetar la distancia obligatoria para evitar el contagio.