Leer, jugar y descubrir

Patricia Martín
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'Los diez lugares' de Cristina Oleby, escritora de cuentos infantiles.

Leer, jugar y descubrir - Foto: PABLO MARTIN

Cristina Oleby (Madrid,1976) pasó su infancia y juventud en Pamplona. Ha vivido en Alemania y en Portugal. Estudió Administración y Dirección de Empresa, profesión que ejerció en Madrid. Lleva diez años en el municipio de El Espinar. Habla seis idiomas y medio (el sueco). Al nacer su primera hija, retómo la escritura, que siempre le había acompañado, publicando ‘Del círculo que se cayó de una camiseta de lunares’ al que han seguido los títulos: ‘El viaje de Nora’, ‘Soy una superniña‘ y ‘Quiero ser como tú’. 

1. Restaurante El Henar, en Cuéllar. Un establecimiento en el que ha tenido muy buenas experiencias. Le gusta probar cosas nuevas, que le  sorprendan, comer platos que ella no cocina en casa.  Además, estas gratas experiencias siempre han terminado con largas conversaciones sobre vinos, cervezas artesanas o historia porque «Rubén es un pozo de sabiduría». 
2. Librería Diagonal, Conde Sepúlveda, 1.  Confiesa que lo más consume son libros. Antes compraba novelas para ella pero ahora compra sobre todo álbumes ilustrados tanto para sus hijas como para ella misma y su librería de referencia es Diagonal. No solo por la buena selección de libros que tiene o por tener cuentacuentos para los niños todos los meses, también porque Fuencisla Valverde fue la primera en darle una oportunidad cuando empezó a publicar.En esta librería segoviana hizo su primera presentación y siempre se siente muy querida.
3. El Alcázar. Le encantan todas sus perspectivas:rodearlo por la Cuesta de los Hoyos, admirarlo desde la Pradera de San Marcos, descubrirlo desde cualquier punto del Paseo del Eresma o divisarlo desde Zamarramala. 
4. El barrio de La Alfama (Lisboa).  Hace ya casi 20 años que estuvo viviendo en Lisboa, no muy lejos del barrio de la Alfama. Le gustaba mucho pasear sola por sus calles, perderse entre azulejos y ropa tendida. Tomarse un galão en la terraza de un mirador, viendo los tejados descender hasta el río Tajo. Era como viajar atrás en el tiempo, esa decadencia maravillosa que tiene Lisboa. En Portugal conoció a su pareja y padres de sus hijas y aunque le costó unos años traérmelo a España, al final lo consiguió En su casa, se habla portugués.
5. La Huerta-Galería de Félix Ortiz. Se enamoró de la huerta de la calle del Marqués de Villena, en San Marcos, para ver una exposición de Ibarrola y disfrutar de las esculturas entre flores y calabazas. Le encantan los museos al aire libre, cuando se mezcla el arte y la naturaleza.
6. Carrascal del Río.  Su padre es sueco y su madre, de Carrascal del Río. En este pueblo pasó  todos los veranos cuando era pequeña. Sus abuelos, que «eran fantásticos», sus primos, los baños en el plantío, las excursiones en bici a Burgomillodo, los juegos en el frontón, las noches en la plaza, el sonido de los chopos ... Sin duda, los mejores momentos de su infancia.
7. El Palacio de Quintanar. Siente que es una privilegiada por poder acudir a los talleres familiares que imparte Gael Zamora. Disfrutar del arte con sus hijas es unir dos pasiones. 
8. Carretera forestal entre San Rafael y El Espinar.  Desde este punto hay mil y un lugares para perderse. Van con frecuencia para coger agua de la fuente de la Virgen de las Nieves. Hay otras tres fuentes: la Yedra, Peña Morena o Las Barrancas. Hay miradores, mesas de piedra para descansar, senderos que se adentran en el bosque, corzos que te espían detrás de los árboles y un olor a pino que recarga las pilas. Un lugar muy inspirador para sus historias.
9. Las Hoces del Duratón. Desde arriba sobrecoge, desde abajo, impone. La Ermita de San Frutos y el Monasterio de la Hoz. Es un lugar mágico, cuna de historias y leyendas. Recomienda recorrerlo a pie y en piragua.
10. El Berrocal de Ortigosa del Monte. Paraje de robles, fresnos y encinas, salpicado por bolos de granito, que dicen fue la principal cantera del Acueducto. Les encanta pasear en familia, sus hijas  juegan a que las piedras son castillos, cuevas o huevos de dinosaurio. Un espacio para dar rienda suelta a la imaginación.