El rostro del esfuerzo

Nacho Sáez
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El rostro del esfuerzo

La espectacular evolución física de David Llorente a lo largo de la última década revela el trabajo y los sacrificios realizados por un piragüista lanzado en la carrera por estar en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Cuando se marchó a entrenar en 2012 a La Seu d’Urgell (Lérida) con una beca, David Llorente (Palazuelos de Eresma, 16 de diciembre de 1996)sólo era un niño que empezaba a despuntar en el piragüismo. Aparentemente no destacaba por su fortaleza física ni parecía llamado a grandes metas por proceder de una tierra con una tradición tardía en este deporte. Sin embargo, empezaba a gozar de la confianza de técnicos y especialistas, que veían en él unas cualidades al alcance de muy pocos. No se equivocaban. Siete años después, este joven segoviano se codea con los mejores del mundo en la modalidad de eslalon K1 gracias a su talento y a la espectacular evolución física que ha experimentado en este tiempo.  
Así se puede apreciar en las fotografías que ilustran este reportaje y así lo corrobora el coordinador técnico de la Real Federación Española de Piragüismo, Guillermo Diez-Canedo, su sombra desde la temporada pasada. Trabajan juntos con el objetivo de que Llorente continúe dando los pasos adecuados para convertirse en uno de los grandes palistas españoles. Cada vez está más cerca. Este curso ya lucha con dos veteranos, como son Samuel Hernanz y Joan Crespo, por hacerse con el billete que está en juego para los Juegos Olímpicos de Tokio del año que viene. Y de momento va en cabeza.
«Es un lujo entrenar a David», se arranca Diez-Canedo a la hora de analizar la progresión de su discípulo en conversación con El Día de Segovia. Por cada siete u ocho palistas del más alto nivel tienen un entrenador. Él tiene complicidad con Llorente y se encarga de marcarle el camino, igual que hizo con las selecciones de Italia y de Brasil en los ciclos olímpicos anteriores. «Es muy curioso, está en búsqueda constante de qué tiene que hacer para mejorar», explica acerca del flamante quinto finalista del reciente Campeonato de Europa en categoría absoluta celebrado en Pau (Francia).
Su andadura en el piragüismo se inició en el club Río Eresma, que de pronto vivió una explosión de jóvenes enamorados de este deporte. Palazuelos pasó a ser el pueblo de las piraguas de la misma forma que Segovia está considerada la Catedral del fútbol sala; Nava de la Asunción, la meca segoviana del balonmano; y Vallelado, el municipio de la pelota. Alfonso Galera, Enrique Cuesta, Julián Otero, Tomás Antolín, Pablo de las Heras, Ángel García, Alfonso Asenjo y Carlos Costa Vicente fueron los impulsores de esta pequeña revolución que catapultó a David Llorente a La Seu d’Urgell y a su hermano Sergio, Darío Cuesta y a David Burgos a otros centros de tecnificación. Del humilde paraje de Entreaguas y del río Eresma saltaron a los canales más importantes de España por sorpresa.
Los resultados conseguidos hasta ahora por el mayor de los Llorente pertenecen todavía más al terreno de lo excepcional a pesar de que ha tenido que superar obstáculos importantes. Se lesionó, cambió de entrenador e incluso tiró de sus conocimientos en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte –estudia este grado y también el de Ingeniería Informática– para no perder la forma durante esos meses en los que estuvo KO por una luxación completa del hombro izquierdo, con distensión del infraespinoso, pérdida del treinta por ciento de la cabeza del húmero y fractura ósea de la glena.
A ese momento pertenece la fotografía de esta página en la que aparece haciendo una flexión. Tomada en mayo de 2016, marca un antes y un después en el cambio físico de Llorente, que ha ganado masa muscular de manera notable sin perder sensibilidad subido al kayak. En 2017 recuperó sensaciones y en 2018 confirmó todas las expectativas con una temporada para enmarcar, seguramente la mejor de su carrera hasta el momento.
Se proclamó campeón de Europa sub-23 en K-1, superó a veteranos y jóvenes en el campeonato de España absoluto de esa misma especialidad y de paso se regaló un oro mundial sub-23 en C-2 mixto. «Cuando le cogí la temporada pasada, le faltaban las cosas propias de su edad, como sistematizar su proceso de entrenamiento y de competición», argumenta su entrenador; «era muy fuerte físicamente y competitivo, pero tenía que mejorar su técnica básica. Ahora se ha vuelto más eficiente».
Esa mejora le ha valido para integrarse de forma definitiva en las dinámicas de la selección española y participar en concentraciones por todo el mundo. El pasado mes de diciembre, por ejemplo, tuvo la oportunidad de entrenar en Abu Dhabi y después ha estado en Australia, Pau, Reino Unido y ahora en Bratislava (Eslovaquia), donde hace unos días se quedó en semifinales en la segunda prueba de la Copa del Mundo absoluta y donde este fin de semana participa en el campeonato de Europa sub-23.
«Compite mejor que entrena. No es que en los entrenamientos no trabaje bien, sino que en el momento de la verdad se crece. Incluso sufre en las competiciones menos importantes», prosigue la radiografía de él Diez-Canedo, que ya conocía al palista de Palazuelos antes de que se pusiera a sus órdenes. «Siempre ha sido uno de los jóvenes que ha despuntado y ha mejorado muchísimo. Nunca se ha quedado atrás», destaca.
Sin embargo, en el deporte de élite hay una serie de peligros que siempre está latente y que obliga a extremar la precaución. «Sé que a él no le va a pasar, pero en el piragüismo es habitual que quieras repetir enseguida resultados como los que ha logrado últimamente. Se debe centrar en el trabajo», reflexiona Diez Canedo, que además cree que Llorente no tiene que tener prisa por acudir a unos Juegos Olímpicos: «Es un sueño para todo el mundo, pero si trabaja bien va a llegar antes o después».
En apariencia el palista segoviano transmite tranquilidad ante el reto de estar en Tokio en 2020, a pesar de que la competencia es máximo y que todo se va a decidir en las dos pruebas de la Copa del Mundo que restan por celebrarse y en el campeonato del Mundo del 25 al 29 de septiembre, que tendrá como escenario además La Seu d’Urgell. «Puede aspirar a todo. Tiene condiciones para llegar a lo más alto en este deporte si sigue igual. Un buen entorno de compañeros, ha aprendido que a todo le puede sacar algo positivo y es autónomo para saber escoger. Pero no hay que olvidar que sólo tiene 22 años», concluye su técnico. 

El rostro del esfuerzo Rosa Blanco
El rostro del esfuerzo - Foto: Rosa Blanco
El rostro del esfuerzo
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