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Así doma los caballos el segoviano Álvaro Gómez (vídeo)

Nacho Sáez
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El navero Álvaro Gómez, que acumula reconocimientos por su talento en la doma, recomienda paciencia para extraer el potencial del animal.

Así doma a los caballos el navero Álvaro Gómez (vídeo)

Detrás del pintor se esconde en Álvaro Gómez García uno de los mejores domadores de la provincia. Protagonista de espectáculos en Valladolid, Madrid, Ciudad Real o Segovia, ha colaborado con numerosas yeguadas desde hace décadas y ahora exhibe su maestría en Finca El Pinar, donde aprovecha poder disponer de un picadero cubierto. «La instalación lo es todo para domar. En un picadero cerrado el caballo está más centrado en ti. Al aire libre está siempre distraído. Se mueve un plástico o cualquier cosa y ya no está a lo que tiene que estar. Para enseñarle a bailar es mejor a solas y en picaderos cubiertos. Aprenden mucho antes los caballos», explica este navero de 53 años.

Aprendió cuando era un niño gracias al caballo que le regaló su hermano cuando tenía 13 años y a un libro de Alfonso Porras. «El caballo sobre todo tiene que estar bien constituido y tener fuerza y temperamento. Cuanto más temperamento tenga, mejor hace los ejercicios. Si esa misma doma se la enseñáramos a un burro lo haría muy soso porque no tiene temperamento», destaca. Una de las lecciones que le ha dejado la doma durante todos estos años es que la paciencia resulta primordial.

«En tres meses [los caballistas] quieren ir a todos los lados con ellos. Y en domar un caballo se tarda mucho tiempo», subraya. «El caballo en el picadero está en su casa, va muy bien, pero le sacas al campo y se asusta de una cosa, se asusta de otra… La doma es luego la calle. Ven un paso de peatones y no quieren pasar. Entonces empiezan a tirarles de la boca, abusan de las espuelas…». Él dedica un año y medio o dos a los caballos de sus clientes, pero así ha conseguido numerosos éxitos. «Tuve un cartujano puro que le traje de Sevilla y fue súper famoso por aquí. Cuando fui a Valladolid a hacer una exhibición habría 150 o 200 caballos y entró el que era entonces presidente de la Junta, Herrera, y se enamoró del caballo. Me lo quiso comprar Juan Matute. Me ofreció 20.000 euros en 2003 y al final le vendí con 14 años por 18.000 euros. Se lo vendí a uno de Madrid y ahora está en el Picadero Herranz. Llevaba diez años sin verle, le solté en el picadero, le pedí toda la doma en libertad y me lo hizo. Como si me viera todos los días».

La tarea en la tienda de pintura que regenta en Nava ya no le deja tanto tiempo para los caballos. «El sueño que me quedaba por cumplir es lo que he hecho con un potro negro en Finca El Pinar. Domarle en libertad sin nada. Que se deje subir, que le tires al suelo y se haga el muerto… Lo vi en un vídeo y lo he conseguido. Me ha gustado esta doma. Coger un caballo salvaje, estar ahí una hora y ganarte su confianza para subirte a él sin que haga nada. Eso es lo máximo que he conseguido. Y la gente quelo ha visto dice que es increíble. Le coges las patas, se las mueves, se las estiras y se hace el muerto», relata.

Pero esas mejoras tienen un coste elevado. «No es lo mismo criar un caballo aquí en un pueblo para que vaya adelante, atrás, a la izquierda y a la derecha que un caballo de doma clásica. Un caballo de doma clásica ya estás hablando de millones. Un pura raza español sin domar con tres años y normalito vale 6.000, 7.000 u 8.000 euros», concluye.