EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


Mater semper certa

03/05/2021

El editor Jesús Munárriz, director de la prestigiosa Hiperión, es amante de las sentencias latinas. Cuando le entregué el manuscrito de El sueño de la vida, que cerraba la trilogía que comencé con El sueño de la muerte, me aportó una sentencia para abrir la última parte del libro: Mater semper certa. Esta parte contiene 16 poemas que indagan en la memoria de un hijo que desea expresar, ante la muerte de su madre, no solo el mayor dolor que hasta entonces ha sentido, sino también la mayor fuerza espiritual que hasta el momento le ha embargado. «¡Cuánto más bella parece la belleza por el dulce atractivo que le da la espiritualidad!», son palabras de Shakespeare con las que, mientras escribía, deseaba envolver el rostro de mi madre que se mezclaba en mi mente con las palabras, y que veía frente a mí con una luminosidad que había renacido con su ausencia. Si algo me bullía por dentro era que mi madre representaba la certeza, la seguridad del amor, sentimiento que siempre había idealizado, y por ello realizado en esa dialéctica que enfrenta la pasión y la decepción, pues mi tránsito con el amor y las personas estaba lleno, como en todos, de ilusiones y desencantos.
Por ello sentí que la sentencia latina que me aportó Jesús definía lo que había dejado mi madre escrito en mí antes de partir: la seguridad de que el amor es real, un sentimiento cotidiano que no asienta ni la literatura ni la teología, porque se expresa por sí mismo en los hechos cotidianos. Madre es amor, amor entendido o no entendido, pero amor que es desde su esencia lo único que es, como decía el filósofo. Un amor con el que se puede mirar a la muerte a los ojos y decirle, sin otras razones que una percepción profunda, que será vencida porque ese amor tan puro solo puede existir si hay una inmensa generosidad en el universo. No puede ser producto de una evolución de la materia o una mutación fructífera. Nos espera la Nada o la Misericordia, dice Omar Jayyan. Es la Misericordia, le decía al poeta persa dentro de mí mientras pensaba a mi madre dentro de los poemas.
Mientras escribo en este día de la madre le agradezco a esa mujer, de intensa y generosa religiosidad, que pusiera dentro de mí la semilla de su fe. No ha fructificado como ella hubiera querido, pero sí ha llenado mis más profundas habitaciones de nenúfares que desprenden una luz que llena mi corazón de una gracia que solo puedo entender como divina. Mater semper certa. Siempre, siempre es la palabra que abraza el amor para vivir y morir con ella. Siempre es la palabra que me dice que todo aquel amor de mi madre no será, en el infinito, en vano.