Carta de despedida a Benilde: "Madre, nunca te olvidaré"

D.A.
-

El segoviano Ángel Luis Torrego Muñoz escribe una emotiva carta en recuerdo a su madre, que falleció por Covid el día 25 de marzo.

Benilde, rodeada de sus hijos y nietos. - Foto: Fotografía cedida por la familia.

Esta es la carta escrita por Ángel Luis a su madre Benilde, fallecida por Covid-19 el pasado 25 de marzo. Estaba interna en una residencia de mayores en Valverde del Majano.

 

Se llamaba Benilde, han transcurrido casi dos meses de aquel fatídico y aún se me hace extraño hablar de ella en pasado y todavía se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en ella, nació en 1940 pero no un día cualquiera sino el día más céntrico del año el 15 de junio por eso siempre he pensado que representaba el equilibrio, así como la calma, la fuerza, el tesón y la lucha. Con 12 años las circunstancias le obligaron a abandonar la escuela lo que hizo que tuviera algunas carencias que supo suplir holgadamente con sus numerosas virtudes, hizo honor durante toda su vida al reconocimiento de valor y fuerza que tienen las mujeres del Carracillo, entre ellos su pueblo natal Gomezserracin en el que verano tras verano durante la infancia nos hizo comprender a sus hijos lo que ella amaba y lo que había sido su vida.

La vida fue muy dura con ella, pero Dios reserva a los grandes luchadores para sus más duras batallas y cuando alcanzó la felicidad con un hombre bueno la dio uno de los golpes más letales que puede dar convirtió en huérfanos a un niño de 5 años, a una niña de 3 años y a un nasciturus. Siempre que he pensado que yo recién gestado, apenas 6 u 8 semanas, sufrir el duro golpe de perder a papá y que hayas conseguido que hoy esté aquí si no es un milagro es algo muy parecido…

Tuviste los arrestos de convertir a esos dos hijos, y al que tendría que venir después que fui yo, en tres licenciados, aunque como sabes yo lo puse bastante más difícil que mis hermanos pero ya he dicho eso de las más duras batallas… sin embargo hay algo más elogiable que has hecho por nosotros, nos has hecho buenas personas y aquellos niños huérfanos con un futuro muy oscuro gracias a tu sacrificio, sin ayuda de nadie (excepto mi abuela que me acompañó toda mi infancia te querré siempre Saturnina) y renunciando a rehacer de nuevo tu vida, sabes que es algo que desde mi egoísmo te agradeceré eternamente, has conseguido transformar en tres familias que hacían emocionarme cada vez que veía aquella foto en tu mueble de la residencia.

Después de tu partida he hablado con buena parte de nuestra familia repartida por todos los puntos de la península y parte de las islas Canarias y a pesar de conocerte mentiría si no te dijera que me han emocionado sus palabras, lo mucho que te querían y lo que has representado para todos ell@s, me sigue asombrando esa capacidad de dar tanto sin esperar nada a cambio y he sentido un gran orgullo por ver el respeto y cariño que generabas en los demás.

Sin embargo, hay algo que hoy no logró aceptar ni superar y no sé si seré capaz de hacerlo algún día… Ni en el peor de los escenarios podría imaginar que el destino te reservase un final tan cruel, primero el confinamiento en la residencia impidió poder ir a visitarte en los últimos días y el estado de alarma acompañarte en el hospital en los últimos momentos, esa angustia me sigue provocando desgarros dentro de mí, ya que quien estuvo para abuelos, para padres, para hijos e incluso para nietos, por caprichos del destino, no encontró otro premio que la soledad final…

Hoy tengo en la mente lo orgullosa que te sentiste aquel día recogiendo un premio en la Policía Nacional conmigo por un concurso literario o aquel otro que fuimos al teatro Juan Bravo a recoger la orla, y todo lo que me has enseñado hasta el último día, pero te digo que todo es poco y no he llegado a devolver todo lo que me diste porqué fue tanto que era imposible.

El último sábado que fui a visitarte a Valverde ya las autoridades recomendaban que no nos acercásemos demasiado y cuando llegué no me besaste como en otras ocasiones, pero después de nuestro habitual conversación y antes de irme cambiaste de opinión y me dijiste: “como no te voy a dar un beso…”, ese momento ha quedado grabado en mi memoria nunca pensé que iba ser el último a tu lado, y algún día cuando acaben todos las limitaciones tendré que volver a revivirlo porqué nadie muere cuando aún se le sigue recordando y como bien sabes yo nunca te voy a olvidar.

 

Te quiero mamá.