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50 años educando a la comarca de Cuéllar

Cristina Sancho
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El IES Marqués de Lozoya de Cuéllar contará a través de exposiciones, conferencias y actividades culturales la historia y evolución de un centro que nació en la dictadura.

50 años educando a la comarca de Cuéllar

El curso 2021-2022 ha comenzado con ilusión en el IES Marqués de Lozoya de Cuéllar donde ultiman los detalles para la celebración de su 50 aniversario. El centro estaba adscrito al Instituto de Enseñanza Media Andrés Laguna, de Segovia, en el curso 1970-71, pero no fue hasta el curso siguiente cuando nació como centro independiente denominado Instituto Nacional de Enseñanza Media, con 472 alumnos y 21 profesores. El nombre de IES Marqués de Lozoya no llegaría hasta 1975. En aquel momento las actividades docentes de lo que se denominaba COU estaban vinculadas al Distrito Universitario de Madrid, hasta 1987, cuanto el Instituto quedó adscrito a la Universidad de Valladolid tal y como se mantiene en la actualidad.

Este es uno de los logros que destacan dos de los profesores de entonces que han ejercido en el centro durante más de 30 años. Julio Castiñeira y Francisco García, conocido en la villa como Paco, ambos profesores de matemáticas recuerdan que siendo director José María Arrojo consiguió este hito importante porque permitía a los alumnos no solo realizar la selectividad en Valladolid sino también, después, comenzar sus carreras universitarias en la capital del Pisuerga, ahorrando grandes costes, desplazamientos y trámites burocráticos a las familias. Durante unos años solo fueron los alumnos de este centro cuellarano quienes acudían a Valladolid mientras que los del IES Duque de Alburquerque marchaban a Segovia, hasta que se unificó en ambos casos.

Con estos antecedentes históricos la dirección actual del centro junto con profesores en activo y otros que se han jubilado recientemente han creado una comisión de festejos con el fin de preparar distintas actividades para celebrar tan señalada onomástica. «50 años que han pasado volando sobre todo para los profesores que llevan más años.

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Cuando nos hemos organizado en la comisión de festejos salían  muchas anécdotas, parece que fue ayer», afirma la directora del centro, Esther Calero. El primer acto importante se celebrará este 7 de octubre con la presencia inicialmente del director provincial de Educación, el alcalde de la villa y la actual Marquesa de Lozoya.

Se da la circunstancia de que hay profesores que antes fueron alumnos y que también han sido padres trabajando en el instituto. Paco y Julio son de los que más años han estado impartiendo clases, a ellos se suman Ludi Ramos, Elvira Herrero y María José Viloria que han sido además alumnos del centro, después profesores y también padres de alumnos. De hecho Paco recuerda cómo dio clase a Elvira y a su propio hijo.
En la charla con EL DÍA se agolpan recuerdos de todo tipo, humanos por supuesto, porque del centro han salido no solo compañeros sino también amigos y familiares, y materiales a la hora de recordar cómo ha crecido el instituto y como se han intentado mejorar las instalaciones.

Paco recuerda a una de las primeras directoras, doña Nieves, las huelgas que hicieron e incluso la presencia de la Guardia Civil, pero también vienen a su mente otros momentos simpáticos durante la construcción del centro. Él era jugador del equipo de fútbol del pueblo y el campo de fútbol se ubicaba en las traseras del actual centro, allí en pleno invierno empleaban el agua que había para asearse después del partido.

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INSPECTORES. «Es difícil extraer un recuerdo. He tenido excelentes compañeros, ha habido tres profesores que después han sido inspectores de educación y directores provinciales de educación en Segovia y en Valladolid», recuerda. Por lo general, el de Cuéllar era un centro de paso de profesores principalmente de Valladolid por la cercanía, pero también los hubo que se quedaron a vivir en el pueblo e incluso que han formado su familia, como Julio y su esposa Julia también profesora de Educación Física del centro y a quien los alumnos tenían un gran cariño. «Las clases no han cambiado demasiado pero los alumnos son totalmente distintos a los últimos años de profesión, en los que la sociedad y las relaciones de padres con profesores han cambiado. Era distinto», afirma García.

En este sentido Ludi insiste en que el centro comenzó a impartir clases en la dictadura, pasó por la transición y ahora en plena democracia. Todo ello ha influido en su historia y en sus gentes, así como en los comportamientos y las formas de enseñar, aspectos sociales y normativos. «Al principio los padres apenas aparecían por el centro y apoyaban la labor del profesor sin cuestionarla para nada, mientras que ahora se cuestiona todo y hay más sobreprotección. Antes la enseñanza era más académica y menos practica y no había enseñanzas trasversales entre asignaturas. Antaño apenas había actividades extraescolares y complementarias, mientras que ahora son constantes», compara. Otra diferencia de los primeros años es que además de matemáticas o ciencias, se daban asignaturas como ‘hogar’ para las chicas mientras los chicos iban al servicio militar y ‘formación del espíritu nacional’, algo impensable ahora.

Tantos años vinculados al centro y además viviendo en el mismo pueblo hace que recuerden su paso educativo con gratitud. Así se lo han trasmitido los alumnos con el paso del tiempo. Paco y Julio se autodenominan como «la escuela dura de matemáticas», pero no recuerdan problemas ni con padres ni con alumnos, sino agradecimientos y afecto.

Ludi reconoce que el agradecimiento por la enseñanza viene después de las clases, cuando ya han iniciado estudios universitarios y vienen a verte o te paran y te dan las gracias. «Eso hace que sigas para adelante porque sabes que te lo agradecerán en un futuro», comenta. Elvira también recuerda con cariño y afecto a algunos de sus profesores que hicieron que después se dedicara a la enseñanza del latín y el griego.

El IES Marques de Lozoya tiene un marcado carácter comarcal. Hasta él acuden a estudiar los jóvenes de los pueblos de alrededor. En los primeros años cuando no había transporte público los más cercanos llegaban en bicicleta y el resto en los autobuses de línea regular,  presentándose en el centro a horas tempranas y con un gran sacrificio.

Para darles cobijo se construyó el actual porche, otro de los logros de Arrojo en la década de los 80, aunque se construyó después, según recuerda Julio. Bajo su mandato según recuerda, también se construyó el actual gimnasio que antes se ubicaba en la biblioteca y la incorporación del campo del futbol al centro.

Las clases eran tanto por la mañana como por la tarde y allí comían sus bocadillos cada día hasta que se implantó un comedor gestionado por el Ampa y que estuvo vigente hasta que llegó la ESO,  con la que se amplió el edificio, y la jornada continua. También había una casa del conserje.

Recuerdan cómo apenas había una pequeña librería en la sala de profesores que se logró ampliar gracias a una aportación de 1.500 libros del Ministerio de Cultura, la llegada de la primera fotocopiadora cuando trabajaban con multicopista de calco y la incorporación del primer ordenador y después la expansión con programa Atenea. Son muchos recuerdos que se unen a las distintas ampliaciones y mejoras del centro para hacer frente al frio del edificio que requirió aislar el tejado y cambiar ventanas, la mejora del exterior ajardinando la zona delantera, los intercambios con alumnos de Francia y Estados Unidos en los años 80... Todo ello sumado a actividades como los recreos poéticos, el teatro, los campeonatos y muchas más propuestas han marcado el devenir del centro que también se ha adaptado a los cambios sociales.

Especialmente con la implantación de la enseñanza obligatoria, María José Viloria que es desde hace 25 años la responsable del departamento de Orientación y Atención a la Diversidad se ha encargado de implementar las distintas necesidades.

«Venían alumnos con muchas necesidades educativas, discapacidades psíquicas, visuales, motrices y, a partir del 2000, con la entrada de inmigrantes en el centro con casos que llegan con grandes lagunas lingüísticas y la diversidad de alumnos que llegan de la comarca, casi el 50%», explica al recordar que ella pasó cinco años en el centro junto a su hermano y después sus tres hijos.

Todos estos recuerdos y muchos más se van a agolpar en charlas y conferencias de antiguos profesores y alumnos, vídeos y exposiciones fotográficas como la que ya se puede ver online en la web del centro y otras muchas actividades a lo largo del curso que acaba de comenzar y que también escribirá su página en la historia.