CRÓNICA POLÍTICA

Charo Zarzalejos

Periodista


Desolación en el PP

En Génova no se daba crédito. Sabían que no iban a revalidar resultados y que Vox les iba a hacer más de un roto en las provincias con menos diputados. Sin embargo, los datos arrojados por las urnas han sido algo más que un roto. Los resultados han sido un auténtico estropicio que, sin duda, deben conducir al PP al cuarto de pensar. 
No cabe duda que la irrupción de Vox les ha hecho daño, mucho daño. Miles de votos se han quedado en la cuneta beneficiando, como es el caso de Alava, a Bildu y en otras provincias a Ciudadanos que habiendo subido apenas dos puntos casi dobla su representación en el Congreso. 
Es demasiado pronto, con los resultados aún calientes para pedir a los populares una reflexión inmediata y profunda, pero deben hacerlo una vez comprobado que las lógicas apelaciones de Pablo Casado a unificar voto no han dado resultado. Ni para el PP ni para Vox que esperaba 60 escaños y se han quedado en 24 que dada la composición de la Cámara Alta apenas si van a servir para algo. 
Es un hecho objetivo que Pablo Casado, recién llegado a estas lides electorales-es la primera vez que compite, los demás ya son veteranos- se ha enfrentado a una campaña realmente difícil. Con todos los frentes abiertos ha tenido que zigzaguear de manera permanente. Ayer por la noche ya había algunos que sugerían su dimisión pero ahora si algo no puede hacer Pablo Casado es dimitir. No puede descabezar el PP sabiendo que tiene por delante una tarea de titanes. Si Vox no hubiera estado, el PP se hubiera quedado a dos puntos del PSOE. Casado nada debe esperar de sus dirigentes que encuentran satisfacción en la debilidad del PP. Ayer Abascal seguía hablando de la derechita cobarde. 
Los resultados han llevado al PP a la lógica desolación y esta desolación es directamente proporcional a la alegría del PSOE. Hacia mucho tiempo que los socialistas no podían tener una noche alegre. Ayer la consiguieron y Pedro Sánchez, con enorme distancia en relación al PP, va a poder gobernar con tranquilidad. Pedro Sánchez ha vuelto a renacer y en su Partido, como es lógico, nadie le va toser. 
Si Vox se ha quedado muy por debajo de sus expectativas fragmentando para nada a la derecha, Pablo Iglesias no puede cantar victoria pero bien sabe él que ya no se trata tanto de ganar como de influir y desde luego Podemos va a influir y mucho. No hay que descartar un Gobierno de coalición. Iglesias es el segundo gran perdedor de la noche electoral pero este bajón queda suavizado por sus expectativas de poder. 
Lo que sí es seguro es que los españoles han hablado y lo han hecho de manera contundente. Dura, muy duramente en relación al PP y muy halagadora para el PSOE que con toda lógica y legitimidad pudo celebrar su noche de alegría.