¿Qué buscan los menores en el porno?

Marta Ostiz (EFE)
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El primer contacto suele ocurrir por accidente; luego, por curiosidad, pero lo importante es que encuentren las respuestas en sus padres

¿Qué buscan los menores en el porno? - Foto: Imagen de Freepik

Desde el momento en el que un menor tiene acceso a un teléfono móvil, las posibilidades de que de forma accidental o premeditada acceda a pornografía son infinitas y los expertos coinciden en que es imposible evitarlo. La clave, resaltan, está en prepararles para que entiendan lo que están viendo y desarrollen un pensamiento crítico.

La intención del Gobierno de evitar que los menores accedan a la pornografía ha sido celebrada por los expertos consultados, aunque son escépticos y coinciden en afirmar que, tarde o temprano, el porno entrará en sus vidas y la clave es una educación afectivo-sexual sólida que les prepare para discriminar lo que están viendo.

«Todos los niños y niñas necesitan una información básica para comprender su cuerpo, sus sensaciones, sentimientos, y emociones que tienen que ver con el sexo, pero ni en casa ni en la escuela se suele dar respuestas a estas preguntas, así que las buscan fuera», explica el doctor en Psicología Clínica y Sexología y autor del programa educativo Tus hijos ven porno, José Luis García.

Y entonces llegan a internet, y buscan palabras como tetas, sexo, follar y de ahí van directos a una página con contenido pornográfico. «Cualquier niño que tenga un móvil con acceso a internet se va a topar con el porno sí o sí», asegura.

La pediatra Inés Merino, experta en educación emocional, indica que generalmente el primer contacto con el porno no es deseado, sino que ocurre por accidente.

«En un primer momento lo que tienen es curiosidad. Quieren saber de sexualidad, un tema que, en general, es tabú y del que da mucha vergüenza hablar. Nuestros niños se hacen múltiples preguntas al respecto y no saben ni tienen con quién hablar. Internet les da las respuestas de forma fácil y rápida. Son respuestas inadecuadas, pero ellos no lo saben», sostiene.

La edad media de acceso al porno en España se sitúa entre los 11 y los 13 años y, según una encuesta de la oenegé Save the Chidren, el 30 por ciento de los adolescentes consultados asegura que el porno es su única fuente de educación afectivo-sexual. Un porno que suele ser violento y machista, pero que muchos de ellos idealizan e incluso buscan reproducir en sus relaciones.

«Educamos con lo que hacemos y con lo que no hacemos, porque si lo convertimos en un tabú, no será un tema que genere confianza entre los adultos de referencia del niño o de la niña para que en el día de mañana se pueda hablar de ese tema en casa», explica Cristina Sanjuan, especialista en protección a la infancia de Save the Children.

Esta experta apunta un dato: según la encuesta realizada por la oenegé, los menores que cenaban en familia veían menos pornografía que los que lo hacían solos.

«No es tanto la educación afectivo sexual como generar esos diálogos o espacios de confianza y acompañamiento para que los niños y niñas puedan hablar de estas cuestiones en el hogar», comenta.

Lamentablemente, la realidad es bien distinta y el porno es el educador sexual de una parte muy importante de los jóvenes. El 25 por ciento de los jóvenes ha visto, antes de cumplir 20 años, entre 1.000 y 5.000 horas de porno, según una investigación realizada por el sociólogo balear Lluis Ballester.

Y uno de los grandes problemas que plantea es que estas producciones envían un mensaje perverso, que es que a las mujeres les gusta que las fuercen, que las agredan, que las humillen, y ofrece un modelo sexual puramente de descarga en el que no hay comunicación, besos ni caricias. Esto, a su vez, provoca en los chicos y chicas unas frustraciones terribles, indican los expertos.

El precio que hay que pagar

El consumo habitual de pornografía hace mella en los más jóvenes. «Este tipo de exposición en una etapa tan vulnerable, con un cerebro en pleno desarrollo, puede favorecer la construcción de una mirada hacia la sexualidad muy cosificante y violenta, tanto a nivel físico como verbal», explica Merino.

Puede afectar en su autoestima sexual y en su satisfacción sexual al generar creencias y expectativas irreales. Además, puede acabar produciendo un problema de adicción.

García añade que este consumo excesivo conduce también a la prostitución, ya que es ahí donde pueden resolver sus fantasías sexuales, y acarrea problemas de pareja, además de un aumento de las infecciones sexuales.

«Aunque el porno es gratis, no sale gratis. Al final hay consecuencias», concluye.