Manuel Juliá

EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


Por el futuro hacia el pasado

18/03/2024

De cuantas mentiras nos envuelven las del populismo son las más dañinas. Los enormes vasos comunicantes de nuestra sociedad son las pistas de aterrizaje por las que llega a nuestra cabeza. Lo hay de izquierda y derecha, pero el de derecha ha prendido con más fuerza. Un rápido vistazo al mundo nos muestra que la extrema derecha ha capitalizado la tendencia antisistema, exhibiendo un conglomerado ideológico que va desde la autocracia o el ultraliberalismo, hasta propuestas económicas de izquierdas, como hace Marine Le Pen.   
La pésima gestión de las crisis económicas (salvo esta última, aunque no se ha sabido vender) y cierto descontrol en la inmigración o en el torpedeo de la globalización a las clases medias y los sentimientos nacionales, han alimentado su despliegue hasta el punto de que pueda ser la opción política más votada en las próximas elecciones europeas. Y no insisto en lo que pueda significar la victoria de Trump, visto el poco entusiasmo que han tenido los demócratas en buscar un candidato ilusionante. 
En Europa el populismo de derechas forma un variado pastel que se complementa de manera muy peligrosa. Wilders, en los Paises Bajos, corre a lomos de la xenofobia. Vox del acoso a la plurinacionalidad. El PiS de posiciones medievalistas de género. Las ultraderechas nórdicas la inmigración y Le Pen sueña con la salida de Francia de la Alianza. Aquí tenemos que integrar a los «indepes», añadiendo la fuerza de un populismo de izquierdas que en Cataluña se suele plegar a las ensoñaciones y desvaríos de Puigdemont.
El filósofo Bernard-Henry Lévy dice que el populismo es la enfermedad senil de las democracias. Está basado en el discurso del odio, la exclusión y el racismo. Su definición más conocida es la de dar respuestas simples a problemas complejos. Una más compleja, según Cas Mudde, lo relaciona con una defensa del pueblo frente a las élites, culpándolas de las inevitables crisis del capitalismo. Ya lo hizo el más voraz que ha existido, Hitler, frente al Crac del 29. Desde esta perspectiva el populismo es hábil en aprovechar el malestar social diciéndole a la gente lo que quiere escuchar, aunque sea imposible realizarlo. Y además, el concepto de pueblo puro se diluye por la presencia del líder carismático, personalista, paternalista con el seguidor.
Se comenzó a hablar mucho del populismo en la definición de la política latinoamericana de los noventa, pero hoy está extendido a todo el mundo y siembra raíces de fuego en lo que llamamos el mundo Occidental. Y algún que otro concepto nos suena viejo, como el de que los seguidores están convencidos de las cualidades extraordinarias del líder providencial que será capaz de refundar nuestra existencia.