Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


El gran salto

30/06/2023

Para un fiel seguidor de la NFL (fútbol americano), todavía compungido por la marcha de Tom Brady, es duro admitir que en el deporte estadounidense en general no se aplica el espíritu que transformó al país en una potencia económica.

El fútbol americano es un deporte duro, meritocrático, con múltiples reglas y amante de las estadísticas; hasta aquí vamos bien. El problema es que es un coto cerrado donde el fracaso no existe. Para los dueños, el resultado final deportivo es irrelevante, salvo el orgullo personal de confirmar que sus talentos para los negocios se expanden al campo del ocio.

Curiosamente, Estados Unidos no se ha construido desde el miedo al fracaso, sino desde el reconocimiento a la innovación y el respeto al triunfo. El cariño de los americanos a los emprendedores se explica porque fueron muchos los que estuvieron dispuestos a arriesgar sus vidas para huir de una pobreza cierta de la culta Europa.

Hasta hace muy poco, los estadounidenses entendían que la esfera privada era sacrosanta. Una sociedad tan plural necesitaba proteger las íntimas creencias para que la convivencia pública fuera pacífica. A los europeos nos escandaliza el respeto que tienen a la posesión de armas, sin preguntarnos el por qué de esa pasión. Toda la ficción audiovisual americana ridiculiza las opiniones ajenas al defender un patrón único, dogmático y existencial.

Con la llegada de Bill Clinton, las grandes corporaciones y financieros encontraron El Dorado. No se legisló para impulsar la competencia o proteger al consumidor, sino para proteger al grande sobre el pequeño. Esta actitud se ha extendido por todo el planeta. La globalización no ha aportado una mayor competencia, sino una creciente concentración que asfixia al diminuto frente al gigante.

Resulta increíble que la respuesta del Banco Central Europeo ante una crisis bancaria haya sido reducir la oferta. ¡Algunos bancos tienen activos superiores al P.I.B. de sus países de origen! Las consultoras y auditoras no superan los dedos de una mano. La competencia inspira, trae innovación y nos hace mejores.

No pensemos que una retirada de la propiedad pública es sinónimo de mercado eficiente, porque si aumenta la regulación lo único que vendrá será la corrupción, el nepotismo y la torpeza. Los consumidores deben ser los que libremente digan qué quieren, a qué precio y dónde comprarlo. Al interferir en esa decisión nos hacemos lentamente más pobres. Si la ley pudiera impedir las injusticias económicas, la Unión Soviética estaría dominando el planeta.