Un libro de 39 relatos cortos con Segovia como protagonista

Nacho Sáez
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César Fraile y Lola Velasco publican 'Desorden y concierto [con cierto orden]', donde proponen un viaje a escenarios y momentos reconocibles.

Lola Velasco y César Fraile, el pasado 26 de diciembre en el restaurante La Concepción. - Foto: Rosa Blanco

Bruno y Rigoberto son César Fraile y Lola Velasco. Bueno, en realidad eran los nombres de sus respectivos abuelos, a los que han 'utilizado' para envolver de cierto halo de misterio a su 'Desorden y concierto [con cierto orden]'. Está de moda firmar libros con pseudónimo -veáse Carmen Mola, Premio Planeta 2021-, pero Fraile ya había empleado esta fórmula en tres novelas anteriores, entonces como Mateo Botas y Durango y en compañía de Francisco Rubio. «Lo preferimos. Emulamos a escritores en sus principios. Este es el principio. ¿Quién sabe cuál será el final?», señalan Fraile y Velasco, aunque enseguida se restan importancia.

Su libro, autoeditado, son 39 relatos cortos de temática heterogénea en los que el juego está muy presente. Cada relato comienza con una de las últimas frases del anterior, y el último está escrito a cuatro manos. «Uno escribía un párrafo y se lo mandaba al otro, que tenía que continuar y hacer lo mismo: escribir un párrafo y devolvérselo. Ha sido un poco alocado, pero nos ha gustado mucho. De ahí viene también la ilustración de la portada, esas cadenas entre los arcos del Acueducto. Nuestros relatos están encadenados», destacan.

Lo de escribir se lo toman en serio, pero no son profesionales. Él trabaja como abogado y ocupa el cargo de vicedecano en el Colegio de Abogados de Segovia, y ella ha sido tripulante de cabina en aviones durante 30 años. «Nos conocimos en el Taller Municipal de Teatro, donde hacíamos teatro juntos, y en alguna conversación salió a relucir que los dos escribíamos», cuentan. «Yo le puse el cebo mandándole un relato a ver si ella me respondía con otro», continúa Fraile. «Y piqué», añade Velasco.

El resultado es un libro de 145 páginas que se puede encontrar en las principales librerías de Segovia y que creen que puede resultar entretenido para el lector. Está editado en formato bolsillo y la mayoría de los relatos ocupan entre dos y cuatro páginas. «Para mí este libro es diversión. Tenemos calidad más que de sobra para escribir bien -bromea Fraile- pero hemos rebajado un poquito el nivel de calidad a cambio de hacerlo entretenido y divertido. Se trata de que lo abras y no lo cierres a la cuarta página porque sea un coñazo. Tenemos la ventaja, además, de que no es una novela o un ensayo, en los que hay que tener continuidad en la lectura».

Los títulos de los 39 relatos no lo insinúan, pero están repletos de referencias a Segovia. «A Segovia capital y a la provincia. A pueblos, a situaciones, a costumbres, a personajes… En uno se habla del fontanero de Otero de Herreros, que en principio era ficticio. Pero resulta que en la presentación nos dijeron que el padre de una persona a la que conocemos era fontanero y era de Otero de Herreros», se ríen sentados el uno frente al otro. Ya en serio explican que en el libro hay una mezcla de realidad y ficción. Ambos se apoyan en sus vivencias diarias.

«Enfrentarse a un folio en blanco da pavor, pero la inspiración puede venir de cualquier cosa. De escuchar una conversación, de ver una película…», apunta Velasco, que ya ejercitó la escritura en sus tiempos de tripulante de cabina, en los que recorrió medio mundo. Entonces escribía unos diarios de viaje que aún conserva. «Hay que ponerle sal y pimienta a la vida -que es muy dura- y escribir y que alguien lo pueda leer te da mucha satisfacción. Y me ha enseñado disciplina. Esto te hace sentarte, parar, pensar… Es muy divertido desarrollar una idea y ver cómo acaba en un relato», reflexiona.

Fraile se queda con el lado lúdico: «A mí me parece divertido tanto escribir como luego leerlo». Y ya tiene pensado el primero para un próximo libro. «Se me ocurrió el otro día viendo el sorteo de la lotería porque tengo una tesis sobre la lotería. Más en concreto sobre los que salen en la televisión celebrando. La televisión contrata siempre a la misma persona. Un año sale disfrazado de carnicero de Móstoles, y al siguiente, de ingeniero de Parla», vuelve a bromear.

'Desorden y concierto [con cierto orden]' envuelve al lector «en un amable tránsito entre la realidad y la ensoñación sin que, en muchas ocasiones, resulte fácil discernir ante cuál de las dos se encuentra», según subraya la contraportada del libro. «Es un viaje a escenarios reconocibles y a momentos vividos, escuchados o simplemente imaginados con la sugerente presencia de Segovia en los textos», concluyen sus autores.