El año de los tres Papas

J. Villahizán (SPC)
-

Pablo VI, Juan Pablo I y el carismático Juan Pablo II condujeron hace 45 años los designios de la Iglesia durante un inusual ejercicio rodeado de misterio por la prematura muerte del reformista patriarca de Venecia

El año de los tres Papas

Hasta en 13 ocasiones a lo largo de la extensa Historia de la Iglesia Católica esta ha sido conducida por tres Pontífices en un año, algo que no es habitual y que suele asociarse a ciertos episodios excepcionales y en ocasiones rodeados de un áurea de misterio o polémica. Precisamente uno de esos últimos capítulos tuvo lugar hace 45 años, cuando en 1978 el Trono de San Pedro fue dirigido por Pablo VI, Juan Pablo I y San Juan Pablo II.

Era pleno verano de ese año, cuando falleció un 6 de agosto el conocido como el Papa del diálogo, un Santo Padre que instauró los viajes internacionales pontificios e implantó la Jornada Mundial de la Paz.

A Pablo VIle sucedió el patriarca de Venecia, que murió repentinamente después de solo un mes de Pontificado, concretamente 33 días, circunstancia que levantó todo tipo de hipótesis y especulaciones. A continuación, el conclave vaticano eligió el 16 de octubre al primer Obispo de Roma no italiano desde 1523, el cardenal polaco Karol Wojtyla, que se convertiría en uno de los Papas más viajeros y queridos por los fieles.

Pero el siglo arrancaba con un Pontífice que a sus 80 años ya parecía presagiar lo que iba a ocurrir. Hasta tal punto Giovanni Battista Montini presentía su muerte que ya meses antes de que ocurriese había mencionado que sentía el final de sus días. Tal cual. Incluso, llegó a anunciar en un momento que «el curso natural de nuestra vida llega justo al atardecer».

Sin embargo, lo que nadie vaticinó era que la muerte de Pablo VI llegase sin previo aviso en un sofocante día en Castel Gandolfo, donde se había trasladado tres semanas antes del trágico suceso.  

Era el momento de un cambio en la cúpula vaticana y tanto la prensa como los analistas eclesiásticos apostaron por el cardenal de corte reformista Albino Luciani como el candidato idóneo para continuar la tarea de San Pedro, un religioso que acabó enfrentándose al arzobispo de Génova, Giuseppe Siri, un hombre nombrado por Pio XII y exponente del ala conservadora.

Finalmente, y en tiempo récord para los tempos vaticanos, el cónclave eligió en apenas 24 horas al patriarca de Venecia, de 65 años.

Una vez proclamado Papa el 26 de agosto de 1978 con el nombre de Juan Pablo I, Luciani falleció de forma inesperada el 28 de septiembre, a los 33 días justos de iniciar su Pontificado. Su extraña muerte, así como los testimonios contradictorios sobre las circunstancias en que esta se produjo, dieron rienda suelta a todo tipo de especulaciones.

Sin embargo, muchas de esas conjeturas nunca lograron sostenerse, ya que jamás existió una prueba fehaciente que respaldase tales teorías. Lo que sí parece cierto, según algunos estudiosos, es que el Santo Padre murió a causa de la administración de un fuerte fármaco vasodilatador, aunque nunca se le realizó ningún tipo de autopsia, por lo que el misterio del fallecimiento de Juan Pablo I seguirá siendo una incógnita por todos los tiempos.

Revolución pastoral

Tras la muerte del Pontífice de la sonrisa, el cónclave vaticano eligió hace 45 años, el 16 de octubre de 1972, al polaco Karol Wojty?a, un hombre de paz que deshizo la pugna entre los italianos Giuseppe Siri y Giovanni Benelli.

Las palabras improvisadas de Juan Pablo II desde los balcones de la Basílica de San Pedro aún son recordadas por los fieles: «¡Alabado sea Jesucristo! Queridos hermanos y hermanas, todavía estamos tristes por la muerte del amado Papa Juan Pablo I. Y aquí, los eminentísimos cardenales han nombrado a un nuevo Obispo de Roma. Lo llamaron desde un país lejano; muy lejos, pero siempre tan cerca de la comunión en la fe y en la tradición cristiana».

El Pontificado de Juan Pablo II fue un mandato que cambio el rumbo de la Iglesia Católica. Fue uno de los Papas más viajeros, con más de un centenar de trayectos por todo el mundo, conciliador en zonas de conflicto como Oriente Próximo, y conservador, fiel defensor de la prohibición del aborto y los anticonceptivos, además del divorcio. También destacó por su visión de la justicia social y económica, abogando siempre por la mejora de las condiciones de vida en los países más pobres del mundo.